La sucá como un espejo del alma en este mundo
Shabat Shalom ve'Jag Sameaj! Querida Familia
Esta noche es especial. Recibimos juntos a dos reinas: la
Reina del Shabat y el Jag de Sucot, que la Torá llama Zmán Simjatenu,
"el tiempo de nuestra alegría". Y no es casualidad que la Torá nos
ordene justamente en esta fiesta: "Vesamajtá bejagueja… vehayita aj
saméaj", "te alegrarás en tu fiesta y estarás alegre".
Nuestros Jajamim preguntan: ¿por qué la alegría se ordena
precisamente aquí, cuando salimos de nuestras casas cómodas para vivir siete
días en una sucá incomoda y llena de todo tipo de stress? (desde la logística
de la construcción hasta todos los
detalles para los invitados quede perfecto)?
Lo lógico sería que la alegría estuviera en la casa cómoda y no en esta sucá.
Veamos este paralelo hermoso entre la sucá como un espejo
del alma en este mundo.
La Guemará en Masejet Sucá nos enseña que la sucá es una estructura temporal.
Salimos de nuestra casa permanente, para vivir en algo pasajero.
El alma tiene su casa permanente al lado del Creador, y Hashem la manda a este
mundo, a vivir dentro de un cuerpo temporalmente.
Habitamos la sucá siete días. Y el Rey David dice en Tehilim (90): "los
días de nuestros años son setenta". Siete días en la sucá, setenta años de
vida: es la misma medida, solo que multiplicada. Toda nuestra vida en este
mundo es una gran Sucot.
Y aquí está la enseñanza principal: la Torá no nos dice
"aguanta la incomodidad de la sucá". Nos dice "alégrate en
ella".
Muchas almas llegan a este mundo y se quejan por todo, pero
el alma sabia entiende que esta “sucá temporal” es justamente el único lugar
donde puede cumplir mitzvot. Allá arriba, en la morada permanente, no hay sucá,
no hay lulab, no hay Shabat que guardar ni jésed que hacer. Solamente aquí,
en esta sucá, el alma puede ganar su eternidad.
La sucá tiene algo único entre todas las mitzvot: se cumple
con el cuerpo entero. Entramos completo desde los pies hasta la cabeza, comemos,
conversamos, y hasta hay quien duerme dentro de la mitzvá.
Así debe ser el alma en este mundo: rodeada de mitzvot por
todos lados, tal como nuestros padres en el desierto estaban rodeados por los Ananei
HaKavod, las nubes de gloria. El sejaj sobre nuestra cabeza nos
recuerda que, arriba está Hashem cuidándonos. Por las rendijas del sejaj
vemos las estrellas. Así el alma, aun dentro del cuerpo, nunca pierde de vista su
verdadero destino.
Esta noche, además, es Shabat. El Zóhar nos enseña que en cada
noche de Sucot vienen a visitarnos Ushpizín, los invitados, y esta
primera noche viene Abraham Abinu, el pilar del jésed, bondad.
Abraham tenía su tienda abierta a los cuatro lados para recibir a todos, de
quien podemos aprender que nuestra sucá, y nuestra alma, estén abiertas con
alegría a los demás, en esta noche con Familia, algunos por primera vez
comparten con nosotros.
Se cuenta que el Arizal
llegó a sus niveles tan altos gracias a la simjá shel mitzvá, la
alegría con la que cumplía cada mitzvá. No por la mitzvá sola, sino por la
alegría.
Cuando esta noche nos sentemos en la sucá, recordemos que esto
es la vida. Una estancia corta, humilde, pasajera, pero llena de santidad si la
vivimos con alegría. El alma que llega a este mundo alegre, que cumple con
alegría y que comparte con alegría, cuando termine sus "días"
regresará a su morada permanente cargada de méritos, con la frente en alto.
Que Hashem nos conceda cumplir mitzvot con alegría, estar
solamente alegres, esta fiesta y todos los días de nuestra vida. Y que muy
pronto merezcamos sentarnos en la Sucat Leviatán, con la llegada del
Mashiaj, bimherá beyamenu, amén.
J. Gabay
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