Pesaj 5786
El año pasado hablé con palabras inspiradoras sobre cómo la mesa del Séder de Pesaj refleja el ciclo de la vida. Compartí mi propio camino: desde aquel niño que se sentaba al final de la mesa, hasta el momento, el año pasado, de estar a la cabeza del Séder, ya sin la compañía física de seres queridos que siempre estarán en nuestro corazón.
Este año, tenemos muchas razones para estar alegres. Y esta noche, al sentarnos juntos en la mesa del Séder, no solo recordamos la salida de Egipto… recordamos lo que significa realmente ser libres.
La historia que contamos no es solo la de nuestros antepasados. Es la nuestra. Es la de cada hogar, la de cada padre, la de cada hijo.
Porque la libertad no comienza en el desierto. Comienza aquí, en casa.
Comienza cuando vemos a nuestros hijos dar sus primeros pasos, cuando hacen sus primeras preguntas, cuando empiezan a convertirse en quienes están destinados a ser. Y nosotros, con amor, los guiamos, los cuidamos… y sí, también nos preocupamos por ellos más de lo que imaginan.
Pero también, poco a poco, aprendemos algo más difícil: a soltarlos. No hay acto de amor más profundo… y más desafiante… que dar libertad.
Cuando un hijo se casa, cuando forma su propio hogar, cuando deja esta mesa para construir la suya… nuestro corazón se llena de orgullo. Y aunque cuesta, encontramos la valentía para dejarlos ir con amor.
Así como el pueblo de Israel tuvo que salir de Egipto para ser verdaderamente libre, nuestros hijos también necesitan salir de nuestro hogar para encontrar su propio camino, su propia voz, su propia vida.
Y sin embargo… nunca se van del todo. Se llevan nuestras historias, nuestras tradiciones, nuestras enseñanzas. Se llevan esta mesa, estas noches, estas palabras. Se llevan el amor que sembramos en ellos, lo transforman en nuevas familias y en nuevas historias.
Esta noche entendemos que la libertad no es separación. Es continuidad. Es confiar en que todo lo que dimos trasciende más allá de nosotros, que cada hijo que sale de su hogar no se aleja, sino que lleva consigo todo lo que este hogar le dio.
Cada año y año nuestros hijos recorren su propio camino en la vida y en esta mesa de seder.. cada año y año más cerca de la cabecera.
Quiero aprovechar también para mandar un abrazo muy especial a mi tía Sarita, quien me inspiró con el tema de estas palabras. Con ella he tenido el privilegio de compartir incontables fiestas y momentos de alegría a lo largo de mi vida.
Que Hashem nos bendiga con larga vida, salud y la dicha de seguir reuniéndonos juntos, celebrando, creciendo y compartiendo muchas alegrías más.
Jag Pesaj Kasher veSameaj.
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