Discurso familiar de Janucá
Quiero aprovechar este momento, ahora que estamos reunidos, para compartir lo que significa para mí Janucá, especialmente en estos tiempos que nos toca vivir.
Cada año encendemos las velas, decimos las bendiciones y cantamos. Pero este año —y quizá ustedes también lo sienten— todo tiene un peso distinto. El mundo se siente más tenso, más frágil, y a veces más duro para nosotros como judíos. Hemos visto palabras de odio, situaciones que duelen, gestos que uno desearía que hubieran quedado en el pasado. Y a veces, incluso sin decirlo, eso nos toca a cada uno en un lugar muy personal.
Y sin embargo, aquí estamos. En familia. Encendiendo la janukiá.
Para mí, eso es Janucá hoy: este acto sencillo, íntimo, pero poderoso de traer luz a nuestra casa. Una luz que no se esconde, que se coloca en la ventana, que se deja ver. Una luz que dice: seguimos aquí, seguimos siendo quienes somos, sin miedo y con orgullo.
Cuando veo las velas encenderse una por una, pienso en nuestros abuelos, en nuestros bisabuelos, en todas las generaciones que, en circunstancias mucho más difíciles, hicieron exactamente lo mismo que estamos haciendo esta noche. Ellos encendieron la luz porque creían en algo más grande que el miedo. Y nosotros la encendemos por ellos y por quienes vendrán después de nosotros.
En estos días en los que a veces el mundo parece confundido, dividido o incluso hostil, Janucá nos recuerda algo muy simple: que la luz se multiplica. Que no hace falta tener mucha; basta empezar con una. Y que cuando juntos encendemos la siguiente y la siguiente, la oscuridad retrocede aunque sea un poco.
No sé ustedes, pero yo encuentro consuelo en eso. En saber que nuestra tradición sigue viva no por costumbre, sino por decisión. Porque cada uno de nosotros elige mantener esta luz encendida, aquí, en esta casa, rodeados de quienes más queremos.
Así que hoy, cuando encendamos la siguiente vela, quiero que lo hagamos con intención. Por nuestra identidad, por nuestra historia, por los que la pasaron peor que nosotros, por los que hoy la están pasando difícil, y también por nosotros mismos, para recordarnos que no estamos solos y que nuestra luz, aunque pequeña, vale muchísimo.
Gracias por estar aquí, por mantener viva esta tradición, y por ser parte de esta luz que seguimos construyendo juntos.