Sentados en familia en la Sucá

 

Bendita sea toda la familia aquí presente.

Con la ayuda de Hashem, hemos llegado a este momento tan especial
Hoy, al sentarnos juntos en esta sucá, entramos en un espacio sagrado y especial. Esta cabaña simple, hecha de paredes y techo temporales representa una de las ideas más profundas del judaísmo: la confianza.

¡Qué mérito tan grande es poder estar sentados dentro de esta sucá, cumpliendo con la voluntad de nuestro Creador!, en esta fiesta de alegría.

Sucot no es solamente una fiesta de recuerdos. No venimos aquí solo a conmemorar lo que pasó en el desierto hace miles de años. Venimos a revivir una experiencia de fe, de humildad, y de conexión con lo eterno.

Nuestros Jajamim nos enseñan que la sucá representa las "Anané haKavod", las nubes de gloria con las que Hashem protegía al pueblo de Israel durante los cuarenta años en el desierto. Aquellas nubes eran más que una protección física. Eran una señal visible de que Hashem estaba con ellos, en cada paso, en cada campamento, en cada momento de dificultad o alegría.

Hoy, también nosotros buscamos esas “nubes de gloria”. Salimos de nuestras casas cómodas, de nuestras seguridades materiales, para decir con todo el corazón: "Hashem, confiamos en Ti." No son las paredes de cemento las que nos protegen, sino Tu presencia. No es el techo de concreto el que nos da paz, sino Tu shejiná.

Hoy en esta suca, abrimos la puerta a la hospitalidad, a estar con invitados, y poder compartir en familia y los manjares, cocinados con dedicación.
La sucá es justamente eso: un lugar abierto, sin cerraduras, donde todos son bienvenidos. Aquí recibimos no solo a nuestros familiares y amigos, sino también a los "Ushpizin", los invitados celestiales: Avraham, Yitzjak, Yaakov, Yosef, Moshé, Aharón y David. Cada uno de ellos representa una cualidad espiritual que debemos tratar de cultivar durante estos días.

El primer día, recibimos a Avraham Avinu – el hombre del hessed, del amor al prójimo. ¿Qué mejor manera de empezar esta fiesta que con el ejemplo de Avraham, que tenía su tienda abierta por los cuatro costados, siempre listo para recibir huéspedes? Así también debe ser nuestra sucá, y más aún, nuestro corazón.

Sucot nos recuerda que la alegría verdadera no depende del lujo, sino de la conexión con Hashem, de la emuná pura, del corazón limpio. Es una alegría que no desaparece cuando la fiesta termina, sino que nos acompaña todo el año, si sabemos mantenerla viva.

Que esta sucá sea para todos nosotros un lugar de berajá, de paz, de salud, de unión y de alegría verdadera. Que Hashem nos rodee con Sus propias “nubes de gloria”, nos proteja y nos guíe. Y que este año, con Su ayuda, sea un año de FELICIDAD, de geulá, de luz y de crecimiento en torá para todo Am Israel.

Jag Sucot Sameaj, Tizkú leshanim rabbot, neimot vetovot.
¡Gozemos, celebremos y que esta Sucá esté llena de luz!

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