Purim y el matrimonio: un disfraz que revela la verdad

En Purim celebramos una de las historias más fascinantes y profundas del pueblo judío. Es una fiesta alegre, llena de disfraces, banquetes, risas y ruido, pero detrás de toda esa alegría se esconden lecciones muy profundas. Y una de ellas —quizás de las más importantes— tiene mucho que enseñarnos sobre el matrimonio.

En Purim, todo parece estar al revés. Lo oculto se vuelve visible, y lo visible muchas veces engaña. Mordejai, un simple judío, salva a un rey. Ester, una joven huérfana, se convierte en reina y en la heroína del pueblo. Y el nombre de Hashem ni siquiera aparece en toda la Meguilá —porque en Purim, la presencia divina se disfraza, se esconde detrás de los acontecimientos.

Y justamente eso es también el matrimonio.

En la vida de pareja, muchas veces las cosas no son como parecen. No todo es alegría ni fiesta constante. Hay momentos de silencio, de pruebas, de dudas… y sin embargo, detrás de todo eso, si miramos con ojos de fe y amor, encontramos la presencia oculta de Hashem, guiando cada paso, fortaleciendo la unión y enseñándonos a ver lo profundo más allá de lo superficial.

Así como en Purim nos disfrazamos —no para ocultarnos, sino para revelar lo que hay dentro—, en el matrimonio también aprendemos a mirar más allá del disfraz exterior. Con el tiempo, la verdadera belleza no está en lo que se ve, sino en lo que se descubre: la paciencia, la lealtad, la entrega, el humor, la ternura… todas esas virtudes que, como Ester, a veces se esconden al principio, pero terminan salvando y dando sentido a toda la historia.

Purim también nos enseña el valor de la unidad. El pueblo se salvó cuando todos ayunaron, rezaron y actuaron juntos. De la misma manera, en un matrimonio la salvación, la fuerza y la alegría vienen cuando los dos caminan en la misma dirección, apoyándose uno al otro, incluso cuando no entienden completamente el “por qué” de lo que ocurre.

Y finalmente, Purim nos enseña la importancia de celebrar. No solo sobrevivir, sino festejar la vida, la unión y los milagros ocultos que nos acompañan cada día. Porque en un matrimonio, como en Purim, hay que saber reír, brindar, bailar y agradecer —aunque la historia haya tenido momentos difíciles—, porque lo más importante es que seguimos juntos, con fe, con amor, y con el deseo de seguir revelando el bien que Hashem siembra en nuestra vida.

Les deseo que pueda ver en su historia un pequeño “meguilat Ester”: un relato donde lo oculto se convierte en bendición, donde el amor vence al miedo, y donde el disfraz del día a día revela, en el fondo, la mano amorosa de Dios.

Purim Sameaj,
Dedicado especialmente a la nueva pareja y que cada hogar sea una historia de redención, alegría y luz.

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